Ainhoa Grandes, presidenta de la Fundación MACBA, se pone en la piel de una entrevistadora durante el VI S2B Impact Forum, el evento referente en Economía de Impacto que organizamos desde Ship2B. Su entrevistado, António Calçada, vicepresidente de Fundación Repsol, desgrana el trabajo que se está realizando desde la compañía y su incursión en la inversión de impacto con el nuevo fondo Repsol Impacto Social.

 

 

Ainhoa Grandes: Entre las 20 principales petroleras del mundo, Repsol fue escogida recientemente como la que está haciendo mejor los deberes en transición energética. ¿En qué estáis trabajando concretamente?

António Calçada: Principalmente estamos trabajando en tres aspectos. Primero, en todos los negocios y activos que tenemos hoy, estamos tratando de hacer lo mismo consumiendo menos energía. Esto abarca tanto  las actividades de exploración y producción de petróleo y gas, como las  operaciones industriales de refino y petroquímica, pasando por la distribución  de productos y servicios a lo largo de la cadena. Esto es lo que llamamos eficiencia. Por otro lado, mantenemos un fuerte compromiso en materia de reducción de emisiones de CO2, con diversas actuaciones que garantizan el cumplimiento de estos objetivos  y que se pueden  consultar en nuestra web. En tercer lugar, como compañía multienergética, estamos trabajando por una transición energética sostenible, en la que visualizamos un horizonte 2025-2030 con un  mix en el que hay una mayor presencia de gas y renovables. Esto me lleva a otro punto, quizás un poco más provocador: todos estamos muy de acuerdo con las metas pero, ¿cómo llegamos ahí?  No podemos hacer como si ya estuviéramos en 2030, sino que tenemos que ver cuál es el punto de partida y  cómo llegamos al objetivo. En este caso, para alcanzar las metas, hay que ir por etapas.

Ainhoa Grandes: ¿Y cuáles son esas etapas para Repsol?

António Calçada: De aquí al 2030, todo lo referente al sector energético tiene que verse de forma global. No solo hablamos de movilidad, sino también de la energía en el hogar, las operaciones en la agricultura y la industria, la eficiencia energética, etc.  Si  lo que queremos es mucha electricidad, y toda la producimos con carbón, no estamos arreglando nada, sino complicando un problema que ya es bastante grave. Por tanto, de aquí al 2030 tenemos que ir introduciendo una generación eléctrica mucho más enfocada en las renovables. Después, del 2030 en adelante, la clave está en la innovación, la tecnología y la ciencia. Uno de los puntos destacados es el desarrollo y despliegue de las tecnologías de captura, recuperación, almacenamiento y reutilización del CO2. Mientras llegamos ahí, ¿qué tenemos que hacer? Entre otras cosas, tenemos que plantar árboles, apostar por la movilidad sostenible en los centros urbanos, impulsar  la economía circular, apoyar a las familias para mejorar la eficiencia energética en los barrios más vulnerables, promover productos de kilómetro cero, etc.

 

Todos estamos de acuerdo en las metas, pero tenemos que analizar el punto de partida y trabajar por etapas para llegar a cumplir los objetivos en 2030

 

Ainhoa Grandes: ¿Cuáles son los drivers que os mueven en este camino?

António Calçada: Básicamente son tres. Primero, dar respuesta a lo que nos demanda la sociedad. El segundo driver importante es el convencimiento de que debemos hacerlo. Y el tercero, que contamos con las herramientas para ejecutarlo.

Ainhoa Grandes: Es verdad que Repsol tiene un plan de sostenibilidad bastante creíble cuando lo miras en la página web. ¿Qué les dirías a las voces que os acusan de greenwashing?

António Calçada: Nosotros estamos recorriendo nuestro camino. No es por azar que nos han reconocido como una de las dos compañías mundiales del sector multienergético que están cumpliendo sus compromisos con la transición energética y la lucha contra el cambio climático. Esto no es algo reciente, sino que llevamos trabajando desde hace tiempo para mejorar la eficiencia en nuestros procesos y operaciones.

 

En España hay 4 millones de personas en riesgo de exclusión severa y nosotros debemos aterrizar proyectos para atacar este problema

 

Ainhoa Grandes: Acabáis de sacar un fondo, Repsol Impacto Social, con un presupuesto de 50 millones de euros. Pasa pocas veces en España algo así, liderado por una gran multinacional. ¿Qué buscáis con ese fondo?

António Calçada: La preocupación por los temas sociales en Repsol es una constante. Hemos sido una de las primeras compañías en tener el mayor número de personas con algún tipo de discapacidad, o lo que nosotros llamamos capacidades diferentes, integradas en nuestra red. También hemos sido  de las primeras compañías en adoptar medidas de flexibilidad laboral, conciliación, igualdad de género… Por lo tanto, no hemos descubierto el ángulo social ayer. La incursión en la inversión de impacto o el venture philanthropy nace de este ADN social, tras conocer, de mano de grandes expertos, las posibilidades de maximizar el impacto positivo con estas acciones.  Cuando lo empezamos a estudiar en profundidad, vimos que esa tendencia era más que una ola, que esto podía llegar a ser un tsunami. Hicimos la propuesta, conseguimos el apoyo interno al más alto nivel y ya estamos en marcha. En España hay 8 millones de personas que pertenecen a colectivos en riesgo de exclusión, de los cuales 4 millones están en riesgo de exclusión severa. Ante esta situación, es necesario colaborar para aterrizar ideas, proyectos y startups que nos ayuden a ir atacando este problema. Creemos en la inversión de impacto social como una forma de transformación social.