Montana: el fondo que impulsa la inversión en salud infantil en Europa

Marc Ramis Montana Children’s Health Fund Ship2B Ventures

Marc Ramis (Ship2B Ventures) explica cómo nace Montana Children’s Health Fund, su primer cierre y el reto de invertir con impacto real en pediatría.

La salud infantil sigue siendo uno de los grandes retos —y también una de las grandes oportunidades— del ecosistema de inversión de impacto. A pesar de que los niños representan cerca del 25% de la población mundial, solo una pequeña parte del capital riesgo se destina a soluciones específicas para ellos.

En este contexto nace Montana Children’s Health Fund, impulsado por Ship2B Ventures, como el primer fondo europeo centrado exclusivamente en la salud infantil. Con un enfoque de inversión de impacto y una tesis clara —prevenir, curar y mejorar la calidad de vida—, el fondo busca cerrar la brecha entre innovación pediátrica y financiación. Hablamos con Marc Ramis, cofundador y managing partner de Montana Children’s  Health Fund y Partner en Ship2B Ventures, para conocer el origen del fondo, su reciente primer cierre y el papel que puede jugar la inversión para transformar la salud de las futuras generaciones.

¿Cómo nace Montana Children’s Health Fund y qué necesidad detectasteis en el mercado para poner en marcha un fondo como este?

Montana nace de una convicción profunda y, en mi caso, también personal. Pero no nace solo. Es, ante todo, un proyecto colectivo: surge del ecosistema de innovación pediátrica europeo, con el propósito compartido de llevar esa innovación a la sociedad de forma real y sostenible. En ese origen colectivo tiene un papel fundamental el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, que fue uno de los primeros impulsores del proyecto a través de su participación en i4KIDS, el consorcio europeo dedicado a acelerar la innovación en salud infantil. Esa alianza con un centro de referencia clínica y científica de primer nivel no es anecdótica: define el ADN de Montana y su vocación de conectar ciencia, clínica e inversión.

A eso se suma una inquietud que llevaba años creciendo en mí: la enorme brecha entre la innovación que se genera para adultos y la que realmente llega a los niños. Los niños representan cerca del 25% de la población mundial, pero el capital riesgo destinado a soluciones específicas para ellos es marginal. No porque no haya necesidad —la hay, enorme— sino porque históricamente el sector no ha sabido articular bien la propuesta de valor para los inversores. Montana nace para cambiar eso. Para demostrar que la inversión en salud infantil no solo es necesaria, sino que es una oportunidad real de retorno y de impacto transformador.

La salud infantil ha estado históricamente infrafinanciada dentro del venture capital. ¿Por qué crees que ha ocurrido esto y por qué es el momento de cambiarlo?

El dato lo dice todo: solo el 1,6% del capital riesgo en salud se destina a pediatría. Es una cifra que, cuando la escuchas por primera vez, resulta difícil de creer. Y sin embargo, es la realidad del ecosistema inversor actual.

Una parte de la explicación está en el modelo tradicional del venture capital, cuyo foco exclusivo en la rentabilidad financiera ha llevado históricamente a priorizar áreas con mercados más inmediatos y visibles. No es una crítica: es simplemente la lógica de ese modelo. Pero es precisamente ahí donde Montana toma un camino diferente.

Montana se encuadra en la categoría de la inversión de impacto, que representa una evolución natural del venture philanthropy: ya no se trata de elegir entre hacer el bien o ganar dinero, sino de medir ambas cosas con el mismo rigor. Impacto y rentabilidad no son objetivos contrapuestos; son dos dimensiones complementarias de una misma inversión bien hecha. Ese es el marco en el que trabajamos, y creemos que es el marco que el sector de la salud infantil necesita para despegar.

¿Por qué ahora? Porque la demanda de inversión de impacto real —no cosmética— está creciendo entre los inversores institucionales más sofisticados, y porque hay una generación de emprendedores en salud pediátrica con propuestas sólidas que hasta ahora no encontraban el capital adecuado. Montana quiere ser ese puente.

Habláis de «child-lens investing». ¿Qué significa este enfoque y cómo condiciona vuestra forma de analizar y seleccionar inversiones?

Para mí, el child-lens investing significa algo muy concreto: invertir pensando primero y exclusivamente en el presente y el futuro de la infancia, y solo después ver cómo esa solución puede escalar al mundo adulto. No al revés. Es un cambio de perspectiva innovador respecto a cómo funciona habitualmente el sector salud, donde casi siempre se parte del adulto y se intenta adaptar.


En la práctica, esto condiciona todo nuestro proceso de análisis. Cuando evaluamos una startup, la primera pregunta no es «¿qué tamaño tiene el mercado total?» sino «¿resuelve un problema real en la vida de un niño, de forma significativa y medible?». A partir de ahí, analizamos con el mismo rigor el retorno financiero de la inversión: la solidez del modelo de negocio, la escalabilidad, el equipo y el potencial de mercado. Impacto y rentabilidad se evalúan en paralelo, no en secuencia. Si el enfoque pediátrico es secundario o cosmético, no encaja con Montana.

Desde la idea inicial hasta el lanzamiento, ¿qué aprendizajes o hitos han sido clave en la construcción del fondo?

El aprendizaje más importante ha sido que construir un fondo tematizado requiere simultáneamente convencer a dos audiencias muy distintas: los inversores, que quieren ver retorno y rigor, y el ecosistema científico y emprendedor, que quiere saber que hay capital paciente y comprometido con el sector. Navegar esa dualidad con coherencia ha sido el mayor reto.

Otro hito fundamental ha sido la construcción del equipo. Un fondo como Montana solo funciona si las personas que lo forman están genuinamente alineadas con el propósito. No basta con tener las capacidades técnicas o financieras: hace falta creer de verdad en lo que se hace. Hemos sido muy cuidadosos en ese proceso de construcción de equipo, y creo que se nota en cómo trabajamos y en cómo nos relacionamos con el ecosistema.

En lo personal, el hito más significativo ha sido validar que la tesis era sólida. Cuando empezamos a hablar con hospitales pediátricos referentes, con grupos de investigación, con familias de fundadores del sector, la respuesta fue inequívoca: la necesidad existe, el momento es ahora, y había un vacío claro que Montana podía llenar. Ese convencimiento colectivo ha sido el motor de todo.

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Marc Ramis (cofundador y managing partner de Montana Children’s  Health Fund y Partner en Ship2B Ventures) y Maite Fibla (Cofundadora y Managing Partner de Ship2B Ventures).

Acabáis de anunciar el primer cierre del fondo. ¿Qué supone este hito para vosotros y qué señales envía al ecosistema?

El primer cierre de 35 millones de euros, con un objetivo de tamaño final superior, es mucho más que un número. Es la validación de que la tesis tiene credibilidad ante inversores institucionales exigentes. Significa que podemos empezar a desplegar capital de forma activa, con convicción y sin precipitación.

La señal que envía al ecosistema también es importante: hay capital especializado disponible para founders que trabajan en salud infantil. Eso atrae talento, genera confianza en el sector y, con el tiempo, contribuye a construir un ecosistema pediátrico europeo más maduro. Cada primer cierre de un fondo tematizado como Montana es un paso para normalizar la categoría.

¿Cómo está estructurado el fondo en términos de tamaño, número de inversiones y tipo de startups en las que queréis invertir?

Prevemos realizar unas 15 inversiones, lo que nos da margen para acompañar a las empresas con tickets relevantes y reservas para seguimiento. Nos centramos principalmente en Europa, con un foco claro en España y en oportunidades de tech transfer desde universidades y centros de investigación pediátrica de referencia.

El perfil de empresa que buscamos es el de startups en fase early y growth, con tecnología o modelo de negocio genuinamente orientados a la infancia: diagnóstico pediátrico, terapias específicas, salud digital infantil, nutrición, salud mental y bienestar del niño, entre otras áreas. Buscamos equipos con rigor científico, visión de impacto y capacidad de escalar.

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Marco Marrone (director de inversiones del FEI), Maite Fibla (Managing Partner Ship2B Ventures y miembro del Comité de Inversiones de Montana), Marc Ramis (Managing Partner de Montana) y Teresa Riesgo (secretaria general de Innovación y presidenta de Innvierte)

Además de invertir en startups de salud pediátrica, también contempláis proyectos vinculados a la inclusión social de niños y niñas vulnerables. ¿Cómo encaja esta línea dentro de la estrategia del fondo?

La salud infantil no puede entenderse solo desde una perspectiva clínica, sino de forma más integral. La educación, la pobreza, la exclusión social, la falta de acceso a una nutrición adecuada o a entornos seguros son determinantes de salud tan importantes como cualquier patología. Un niño en situación de vulnerabilidad tiene peores resultados de salud. Por eso Montana contempla también inversiones en empresas que trabajan en inclusión social infantil desde un enfoque de impacto medible.

No es una línea testimonial. Es coherente con la visión de fondo: entender al niño de forma integral, no solo como paciente sino como persona en desarrollo, con un entorno que condiciona profundamente su salud presente y futura.

Montana pretende ser un fondo que va más allá de la inversión. ¿Qué tipo de apoyo ofrecéis más allá del capital a los equipos fundadores?

El capital es necesario pero no suficiente. Lo que los founders en salud pediátrica necesitan, además de financiación, es acceso a red clínica y científica, apoyo en la navegación regulatoria —que en pediatría tiene particularidades específicas—, y conexión con otros actores del ecosistema: hospitales, familias, asociaciones de pacientes, instituciones.

Y en el caso concreto de la creación de startups pediátricas desde entornos académicos o pre-empresariales, hay algo todavía más crítico: la experiencia en venture building. Construir una empresa desde cero en salud infantil requiere un perfil muy específico — saber cómo articular la propuesta de valor, estructurar el equipo fundador, diseñar el modelo de negocio y navegar las primeras fases de desarrollo con los recursos justos. Esa capacidad de venture building es uno de los rasgos más diferenciales del equipo de Montana, forjada a lo largo de años de experiencia construyendo empresas en el ecosistema de la salud. No es algo que se improvisa, y es precisamente lo que nos permite entrar antes que nadie y acompañar a los proyectos desde su origen.

Desde Ship2B Ventures tenemos una red construida durante años que ponemos al servicio de las empresas de Montana. Eso incluye conexiones con fondos co-inversores especializados en salud, con organizaciones que trabajan en áreas concretas como el cáncer infantil, la salud mental o la nutrición, y con el ecosistema emprendedor más amplio. Queremos ser el socio que entiende el sector, que abre puertas y que acompaña en los momentos difíciles, no solo el que firma el cheque.

 ¿Qué áreas dentro de la salud infantil (diagnóstico, terapias, salud digital, etc.) veis con más potencial en los próximos años?

Vemos potencial en varias direcciones que convergen. El diagnóstico pediátrico de precisión es una de las grandes oportunidades: durante demasiado tiempo se han usado criterios diagnósticos adaptados de adultos, con los sesgos que eso implica. La salud mental infantil y adolescente es otra área crítica y todavía muy infraatendida, acelerada por la pandemia y el impacto de las redes sociales. La nutrición de precisión en la infancia temprana, el tech transfer desde grupos de investigación pediátrica de excelencia, y las soluciones digitales que realmente mejoran la adherencia y la experiencia del niño y la familia también están en nuestro radar.

Pero hay una dimensión que para mí es especialmente poderosa y todavía poco explorada: la medicina preventiva desde las etapas más tempranas de la vida. Cada vez hay más evidencia de que los hábitos, las exposiciones y las intervenciones en la infancia condicionan de forma decisiva la salud en la edad adulta y en la vejez. Dicho de otro modo: mejorar la salud de los mayores empieza en su infancia. Invertir en prevención pediátrica no es solo una cuestión de justicia con los niños de hoy; es una de las palancas más eficientes para reducir la carga de enfermedad crónica en las próximas décadas. Esa perspectiva de largo plazo está muy presente en la tesis de Montana.

En conjunto, buscamos áreas donde la necesidad es clara, la ciencia está madura y el mercado está desatendido. Esa intersección es donde Montana puede generar más valor.

¿Qué tipo de impacto esperáis generar con Montana y cómo se mide en un fondo como este?

Nuestro marco de impacto está construido sobre métricas concretas y verificables: número de niños alcanzados por las soluciones del portfolio, mejoras en resultados de salud medidos en QALYs pediátricos, reducción de tiempos diagnósticos, acceso a soluciones en poblaciones vulnerables, entre otros indicadores. No creemos en el impacto declarativo. Cada empresa del portfolio asume compromisos de medición desde el momento de la inversión.

A nivel sistémico, el impacto que queremos generar va más allá de las empresas individuales: queremos contribuir a construir un ecosistema europeo de innovación pediátrica más robusto, donde el capital, la ciencia y la clínica estén mejor conectados. Eso es difícil de medir en una sola métrica, pero es tan importante como cualquier KPI de portfolio.

En un contexto donde cada vez más fondos hablan de impacto, ¿cómo evitáis el «impact washing» y os aseguráis de que las startups realmente sean «pediatric-first»?

La mejor protección contra el impact washing es la especificidad. Montana no invierte en «salud» o en «innovación tecnológica con beneficios para la sociedad». Invierte exclusivamente en empresas cuyo core business es la salud infantil. Si el niño no es el protagonista de la propuesta de valor desde el primer día, no es una inversión Montana.

Además, integramos la medición de impacto en la gobernanza de cada inversión, con métricas acordadas contractualmente. No es un informe anual de ESG: es parte de la conversación de board, del seguimiento trimestral, de las decisiones de seguimiento. Cuando el impacto está en la estructura, es mucho más difícil que se diluya.

También trabajáis en coinversión con otros fondos. ¿Cómo conseguís alinear intereses para que el impacto pediátrico siga siendo una prioridad en la toma de decisiones?

La coinversión con fondos especializados en salud y con organizaciones dedicadas a temáticas concretas —oncología pediátrica, salud mental infantil, nutrición— es una parte deliberada de nuestra estrategia. No buscamos co-inversores genéricos: buscamos socios que compartan la convicción de que el niño debe estar en el centro de la decisión.

Eso requiere conversaciones francas antes de coinvertir, alinear expectativas sobre métricas de impacto y acordar cómo se gestionan las tensiones cuando el corto plazo financiero y el impacto a largo plazo no van exactamente de la mano. No siempre es sencillo, pero la selección cuidadosa de co-inversores es una de las mejores garantías de que el impacto pediátrico no se diluye en el camino.

Mirando a futuro, ¿cómo imaginas la evolución de la innovación en salud infantil en Europa y qué papel puede jugar la inversión de impacto en acelerarla?

Soy optimista, pero con los pies en el suelo. Europa tiene una base científica extraordinaria en investigación pediátrica, centros hospitalarios de referencia mundial y un marco regulatorio que, aunque exigente, está evolucionando en la dirección correcta. Lo que ha faltado hasta ahora es el puente entre esa excelencia científica y el capital.

Creo que en los próximos diez años vamos a ver emerger en Europa un ecosistema de innovación pediátrica comparable al que existe en oncología o en neurociencia adulta. La inversión de impacto puede y debe jugar un papel acelerador en ese proceso: no solo aportando capital, sino construyendo comunidad, conectando actores, dando visibilidad a los founders del sector y demostrando con datos que la salud infantil es una categoría de inversión seria, rigurosa y con retorno. Montana quiere ser parte de esa historia.

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