¿Cómo escalar soluciones de impacto que ya funcionan?

En una era donde las startups escalan en meses y la tecnología se globaliza en semanas, las soluciones sociales más transformadoras parecen seguir atrapadas. Organizaciones que mejoran la empleabilidad de jóvenes, que reinventan la educación para colectivos vulnerables, que crean impacto real… pero no logran escalar.

¿Por qué cuesta tanto ampliar el alcance de las soluciones de impacto que ya funcionan?

Desde Fundación Ship2B abordamos esta pregunta desde el acompañamiento a organizaciones que ya han demostrado impacto, pero se encuentran con barreras —estructurales, financieras o de capacidad— cuando intentan crecer.

En este artículo conversamos con Guillem Bargalló, Program Manager de Fundación Ship2B; y con Sergi Grau, Co-fundador de NeurekaLAB; Álvaro Beristain, CEO y Co-fundador de A90Grados; y Marta Nomen, directora de Fundación GetUP, participantes de la 4.ª edición de Scale4Impact, el programa que hemos diseñado junto a Bikai para impulsar y financiar el crecimiento de proyectos de impacto social centrados en educación y empleo.

Con sus voces recogeremos aprendizajes del proceso y buscaremos entender qué hace falta para escalar impacto social, especialmente en ámbitos como educación y empleo.

Escalar una solución no es solo replicarla. Implica contar con una propuesta de valor clara, una estrategia bien definida, capacidad de medición de impacto, un equipo preparado, alianzas clave y recursos económicos.

Numerosos estudios coinciden en señalar que muchas innovaciones sociales con impacto probado no consiguen escalar debido a barreras estructurales persistentes. Un informe publicado por la Stanford Social Innovation Review, liderado por Kriss Deiglmeier y colaboradores, identifica tres grandes obstáculos en este proceso: la falta de capital adecuado, la capacidad organizativa insuficiente y la existencia de entornos institucionales poco favorables.

1- Falta de capital adecuado para escalar

En primer lugar, no se trata solo de conseguir más financiación, sino de conseguir la adecuada: muchas organizaciones acceden a fondos piloto o subvenciones iniciales, pero no encuentran capital paciente, flexible y a largo plazo para crecer. Este desajuste genera lo que el estudio denomina \»the missing middle\»: proyectos con impacto probado que no logran dar el salto de escala.

2- Capacidad organizativa insuficiente

En segundo lugar, muchas organizaciones nacen para resolver un problema, pero no para crecer. Escalar requiere nuevas capacidades internas —liderazgo, gobernanza, gestión del talento, medición rigurosa del impacto— que no siempre están presentes ni se priorizan. Aquí es donde se sitúa una de las barreras más significativas.

Guillem Bargalló, de Fundación Ship2B, destaca que uno de los principales cuellos de botella es precisamente la falta de cultura organizacional y de escalabilidad en el tercer sector. «En el mundo del impacto solemos encontrar muchas personas que son especialistas del problema, pero no en dirigir (ni en hacer crecer) una empresa u organización».

Esta falta de conocimiento de la gestión empresarial y de los procesos de aceleración y crecimiento organizativo acaba colapsando la solución propuesta, o limitando su ejecución al no ser capaz de actuar más allá de su ámbito local. Y es una pena que algunas soluciones no puedan llegar a todas las personas que deberían.

Además, muchas iniciativas se centran en resolver un reto social concreto, pero sin preparar los cimientos que permitan crecer de forma sostenible. «Cuando creces, ya no puedes contar con que el equipo fundador podrá llegar a todo» —señala Bargalló—. «Tendrás que incorporar nuevas personas, sostener una estructura, asumir costes fijos y saber gestionarlos para que tu propuesta de impacto llegue a más personas y/o colectivos.»

Desde Ship2B, se acompaña a las entidades precisamente en el desarrollo de estas capacidades: pensar en términos de escalabilidad desde el principio. Esto implica definir bien la propuesta de valor, diseñar el modelo de negocio y sus líneas de producto, desarrollar planes financieros, prepararse para la inversión, articular una narrativa de impacto y proyectar una visión a medio y largo plazo.

Si bien es cierto que no todos los proyectos tienen que escalar, aquellos que proponen soluciones innovadoras y con capacidad de resolver problemáticas de forma replicable sí deberían poder embarcarse en esta aventura. Y para ello se necesita formación, acompañamiento y recursos: justo lo que ofrece Scale4Impact y otros programas de Venture Philanthropy de la Fundación Ship2B.

3- Entornos institucionales y sistémicos poco favorables

Por último, el informe también subraya que incluso las soluciones más efectivas pueden quedar bloqueadas por el contexto institucional: marcos regulatorios rígidos, ausencia de políticas públicas que apoyen la expansión o dificultades para colaborar con las administraciones pueden frenar el crecimiento de proyectos con alto valor social.

La conclusión es clara: la escalabilidad no depende solo de una buena solución, sino de un ecosistema que permita y acompañe su crecimiento. «No basta con tener impacto: hay que saber estructurarlo para crecer, medirlo rigurosamente y comunicarlo con claridad«, comenta Bargalló.

En esta cuarta edición del programa Scale4Impact, hablando con las entidades finalistas, hemos detectado que la principal barrera con más impacto es la del financiamiento. Más concretamente, el reto no está solo en acceder a recursos, sino en contar con modelos económicos que permitan sostener y escalar el impacto en el tiempo. En este contexto, algunas organizaciones han optado por diseñar desde el inicio estrategias de autosostenibilidad y financiación más diversificadas.

Álvaro Beristain de A90Grados lo resume así: «Optamos por un modelo de auto-financiación en nuestros primeros pasos porque nos daba autonomía y libertad para diseñar el proyecto a nuestra manera, nos obligaba a ser sostenibles desde el inicio y reforzaba la credibilidad de nuestro proyecto al demostrar que era viable no solo socialmente, sino también financieramente». Y añade: «La venture philanthropy puede aportarnos el impulso necesario para seguir creciendo e invertir en aquellas áreas que queremos potenciar, con el objetivo de consolidar una estructura sólida y sostenible en el tiempo».

Por su parte, desde Fundación GetUp, Marta Nomen explica su apuesta por un modelo híbrido: «GetUp busca modelos más autosostenibles para asegurar su continuidad, ampliar nuestro impacto, reducir la dependencia de donaciones, y convertirnos en un agente de cambio capaz de generar ingresos propios a partir de la venta de servicios y la colaboración con empresas y administraciones públicas».

NeurekaLAB ha sido una de las entidades que ha explorado nuevas formas de financiación para impulsar su crecimiento. Como explica su cofundador, Sergi Grau, «nos hemos decidido a explorar modelos de financiación más allá del capital riesgo tradicional porque creemos firmemente que la diversificación nos aporta agilidad y libertad estratégica. Al tratarse de un proyecto con claro impacto social, los retornos económicos suelen ser más progresivos que en negocios convencionales, lo que a menudo dificulta acceder a financiación bancaria o a fondos puramente orientados al rendimiento financiero. De este modo, la venture philanthropy nos permite alinear inversión y propósito: aporta capital paciente, acompañamiento estratégico y una visión comprometida con el impacto social real, no solo con el retorno económico, facilitando así nuestro crecimiento sostenible.»

La venture philanthropy es una forma de financiación que combina inversión orientada al impacto, capital paciente y acompañamiento estratégico. A diferencia de la filantropía tradicional, centrada solamente en donar el dinero sin tener en cuenta la rendición de cuentas, la venture philanthropy busca empoderar a las organizaciones sociales para que sean sostenibles, eficaces y escalables; una herramienta útil para financiar el crecimiento de proyectos de alto impacto.

Existen iniciativas que, desde distintos ámbitos, ya están generando impacto social y ambiental de forma tangible, pero que todavía tienen margen para ampliar su alcance. Se trata de proyectos con soluciones contrastadas, modelos replicables y una clara vocación de crecimiento, capaces de responder a retos complejos si cuentan con los recursos y las condiciones adecuadas. Estos cinco ejemplos muestran cómo el impacto puede escalarse en áreas clave como la educación, la inclusión, la alimentación sostenible y la protección de la infancia.

Aptent: trabaja para eliminar barreras en la comunicación, facilitando el acceso igualitario a la educación, la cultura y el ocio para personas con discapacidad a través de servicios de accesibilidad como subtitulado, audiodescripción e interpretación.

Aulafilm: acerca el cine al aula como recurso pedagógico, ofreciendo un catálogo legal de películas con valor cultural y recursos didácticos para fomentar el pensamiento crítico y la alfabetización audiovisual.

Ecocentral: distribuye alimentos agroecológicos con productos locales y saludables a comedores escolares, apoyando a pequeños productores y promoviendo dietas sostenibles, transparentes y justas para niñas y niños.

Fundación Somos F5: tiene como objetivo ofrecer oportunidades de inserción sociolaboral a personas en situación de vulnerabilidad a través de la primera red de escuelas digitales, inclusivas y solidarias de España.

PROTEGEmos: tiene como objetivo prevenir, identificar y proteger de situaciones de violencia y maltrato a jóvenes y niños en entornos organizacionales, como centros educativos, deportivos o lúdicos.

Escalar la innovación social no es solo una cuestión estratégica: es una cuestión de qué mundo queremos crear. Si una solución transforma vidas, debemos hacer lo posible para que llegue a más personas. Desde Fundación Ship2B y junto al programa Scale4Impact, seguimos apostando por un modelo de impacto, sostenibilidad y alianzas que haga esto posible.

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