El Tercer Sector de acción social en España está formado por cerca de 28.000 entidades que, en su mayoría pequeñas y de ámbito local, sostienen a casi 610.000 profesionales y representan el 1,2% del PIB nacional. Su evolución reciente, recogida en el informe El tercer sector de acción social en España (2008–2024), refleja un sector contra-cíclico, que intensifica su actividad en momentos de crisis y responde a desafíos sociales como el envejecimiento, la exclusión, la inmigración o los cambios en los sistemas de cuidados.
A pesar de que las entidades del Tercer Sector en España alcanzaron en 2023 a 28 millones de beneficiarios, el contexto global muestra que los retos sociales evolucionan más rápido que las soluciones disponibles. El Sustainable Development Goals Report 2025 de Naciones Unidas alerta de que la mayoría de los ODS están fuera de curso, evidenciando una brecha creciente entre necesidades y capacidad de respuesta que exige nuevas formas de colaboración e innovación.
Ante esta realidad, ha tomado fuerza un nuevo enfoque: el cambio sistémico, entendido como la capacidad de transformar las reglas, relaciones y narrativas que sostienen los problemas sociales, y no solo mitigar sus efectos. Para profundizar en cómo este movimiento puede redefinir el papel del Tercer Sector y explorar su contribución en este nuevo escenario, contamos hoy con Sonia Mulero, directora ejecutiva de la Fundación Banco Sabadell, con quien queríamos empezar preguntando:
La transformación del Tercer Sector y el cambio sistémico
1- Si miramos la última década, ¿cómo valorarías la transformación del Tercer Sector en España y qué cambios consideras más significativos?
Sin duda, la profesionalización ha sido una de las transformaciones más relevantes del tercer sector en las últimas décadas. Hace un tiempo, muchas organizaciones operaban con estructuras poco estables y una fuerte base de voluntariado. Este modelo, aunque menos formal, fue esencial para impulsar la solidaridad y la participación ciudadana, pero con el tiempo, la evolución hacia una gestión más profesional no ha significado perder ese compromiso, sino complementarla con herramientas que garantizan sostenibilidad, transparencia y capacidad de generar mayor impacto.
Esta combinación de vocación social y prácticas profesionales es la que permite al sector afrontar retos complejos como la digitalización, la diversificación de financiación y la rendición de cuentas, consolidando su papel como actor clave en la sociedad contemporánea. Y justamente ahí es donde el programa B-Value ha contribuido y quiere seguir contribuyendo.
2- ¿Cuáles son las principales barreras actuales a las que se enfrenta el sector?
Vivimos en un contexto global marcado por una volatilidad sin precedentes, donde los cambios se suceden a gran velocidad. Esta realidad impacta directamente en el tercer sector, que debe adaptarse a un entorno incierto y altamente dinámico.
Por un lado, se debe avanzar hacia modelos alternativos de sostenibilidad económica, que complementen las fuentes tradicionales con estrategias innovadoras: generación de ingresos mediante servicios con impacto social, alianzas multisectoriales, financiación mixta y herramientas digitales para optimizar la captación de fondos. La diversificación no solo reduce riesgos, sino que fortalece la autonomía y la capacidad de inversión en proyectos estratégicos. Junto a la sostenibilidad financiera, la gestión del talento se convierte en un reto clave.
El sector requiere perfiles especializados en áreas como transformación digital, análisis de datos, comunicación y desarrollo de alianzas. A ello se suma la transformación digital, que no solo implica incorporar nuevas herramientas, sino también garantizar que la tecnología llegue a todas las organizaciones y a las personas usuarias. La inteligencia artificial, por ejemplo, ofrece oportunidades para mejorar la eficiencia, personalizar servicios y optimizar procesos, pero su adopción requiere acompañamiento y formación. El reto está en facilitar el acceso y la capacitación, asegurando que ninguna entidad quede atrás. En este sentido, es clave que como sector y como aliados estratégicos apoyemos tanto a las organizaciones como a sus beneficiarios en este proceso de transición digital.
“Nadie puede cambiar el mundo por sí solo.”
3- Desde tu perspectiva, ¿qué significa hablar de “cambio sistémico” en el ámbito del Tercer Sector y por qué crees que este enfoque está ganando relevancia actualmente?
Creer en el cambio sistémico significa asumir que el impacto real no se logra únicamente con acciones directas, sino con estrategias que conecten a todos los “stakeholders”. Supone trabajar en red, compartir conocimiento, innovar en modelos de financiación y aprovechar la tecnología —incluida la inteligencia artificial— para escalar soluciones. Todo parte de una premisa que personalmente pienso es muy poderosa: nadie puede cambiar el mundo por sí solo. Ninguna entidad puede resolver retos sociales tan complejos en solitario. El cambio sistémico ofrece una respuesta integral, basada en colaboración para generar mejoras que no solo alivien síntomas, sino que redefinan el sistema hacia mayor equidad y sostenibilidad.
Por eso, en la Fundación Banco Sabadell la colaboración forma parte de nuestro ADN. No solo la promovemos internamente como una cultura propia, sino que la impulsamos hacia fuera, valorando y apoyando esta visión que conecta esfuerzos y multiplica resultados. Creemos que solo trabajando juntos podemos generar el impacto que la sociedad necesita.
4- ¿Qué condiciones estructurales —recursos, modelos de gestión, innovación o alianzas— son necesarias para que las entidades puedan actuar sobre las causas y no solo sobre los síntomas de los problemas sociales?
Desde la lógica del cambio sistémico, todo empieza en las personas, porque las organizaciones son, en esencia, personas. Por eso hemos apostado por fortalecer modelos de liderazgo y crear espacios donde la gente pueda encontrarse, dialogar, formarse y compartir conocimiento.
Es muy inspirador ver lo que ocurre en programas como B-Value. Muchos participantes empiezan pensando que no podrán avanzar con sus propuestas de valor, que sus ideas son demasiado ambiciosas. Pero, gracias a la generosidad de las mentorías y a la formación que reciben, todo empieza a moverse. Descubren que sí pueden, que con acompañamiento y colaboración las cosas cambian. Llama la atención, por ejemplo, cómo la mentoría se convierte en una herramienta muy poderosa, especialmente cuando compañeros y compañeras de Banco Sabadell comparten su experiencia con entidades del tercer sector. Esa conexión, ese intercambio de conocimiento y visión, marca la diferencia.
Así que, cuando hablamos de provocar cambios estructurales, muchas veces lo que hace falta es generar una cultura compartida, un propósito común y la generosidad de colaborar. Porque cuando las personas se alinean en torno a un objetivo y se apoyan mutuamente, el cambio deja de ser una idea y se convierte en realidad. A veces parece ambicioso, pero la experiencia diaria en los proyectos que colaboramos demuestra que funciona.
El papel de la Fundación Banco Sabadell
Tras esta reflexión sobre el escenario actual del Tercer Sector y los cambios profundos que exige el contexto, resulta clave comprender cómo las organizaciones que trabajan a su lado están contribuyendo a fortalecer sus capacidades y acompañar su evolución. La Fundación Banco Sabadell ha desempeñado un papel constante en este sentido, impulsando talento, innovación y modelos de impacto que refuerzan a las entidades. Por eso, queríamos profundizar ahora en vuestra mirada y experiencia.
“La innovación no es solo tecnología; también es confianza, generosidad y ganas de hacer las cosas de manera distinta.”
5- ¿Cómo entiende la Fundación Banco Sabadell su contribución al fortalecimiento del Tercer Sector y al impulso de soluciones transformadoras?
En la Fundación Banco Sabadell cada día aprendemos de las entidades con las que colaboramos y, sobre todo, dedicamos mucho tiempo a escuchar. Para mí, esto es clave: escuchar de verdad lo que necesitan. Siempre decimos que el tercer sector debe adaptarse a un mundo cambiante, pero nosotros también tenemos que hacerlo. Si queremos estar cerca, debemos evolucionar con ellos. Y hay algo que creo nos diferencia: nos atrevemos a experimentar, a confiar en las ideas por más innovadoras que sean. Nos gusta probar nuevas formas de colaboración, crear espacios donde surjan ideas y acompañar procesos que transforman. Porque la innovación no es solo tecnología; también es confianza, generosidad y ganas de hacer las cosas de manera distinta.
Apostamos por programas que impulsan liderazgo, formación y alianzas, porque creemos que el verdadero impacto se logra cuando conectamos talento, conocimiento y propósito. En resumen, nuestra manera de contribuir es sencilla: estar cerca, escuchar, aprender y atrevernos a dar pasos que ayuden a las entidades a crecer y a generar soluciones transformadoras. Eso es lo que nos mueve cada día a todo el equipo.
6- A partir de vuestra experiencia acompañando entidades sociales, ¿cuáles son las necesidades que emergen de forma más recurrente?
Más allá de la clásica búsqueda de nuevas fórmulas de financiación, en los últimos años hemos detectado algo que marca la diferencia: la importancia del liderazgo y la comunicación. Liderazgo, porque los retos actuales son complejos y exigen personas capaces de inspirar, movilizar y tomar decisiones en entornos inciertos. Y comunicación, porque no basta con hacer bien las cosas: hay que saber contarlas, conectar con la sociedad, con donantes, con aliados. Muchas entidades tienen proyectos extraordinarios, pero si no logran transmitir su valor, pierden oportunidades de colaboración y sostenibilidad. Por eso creemos que el futuro pasa por fortalecer estas dos palancas.
Apostamos por programas que ayudan a desarrollar líderes con visión estratégica y habilidades para gestionar equipos diversos. Además, de la habitual necesidad en reforzar su adopción tecnológica. El liderazgo que hoy necesitan las entidades sociales no es jerárquico ni rígido: es moderno, transversal y diverso. Un liderazgo que entiende la influencia como capacidad de generar confianza, que sabe comunicar para inspirar y movilizar, que construye alianzas estratégicas y que lidera personas desde la empatía y la colaboración. Hablamos de líderes que integran diferentes perspectivas, que son capaces de trabajar en red y que se adaptan a entornos cambiantes sin perder la esencia de su misión social. Esta evolución es clave para que las organizaciones no solo sobrevivan, sino que crezcan y amplifiquen su impacto.
Otra necesidad recurrente que emerge es cómo fortalecer los modelos de intervención comunitaria en los barrios y territorios donde las entidades trabajan. Las sociedades son cada vez más complejas, y la participación ciudadana se convierte en un factor crítico para generar impacto real. Involucrar a jóvenes, colectivos vulnerables y vecinos en la construcción de soluciones es esencial, especialmente porque también ellos enfrentan nuevas vulnerabilidades: precariedad, aislamiento, brechas digitales. Las entidades nos trasladan que necesitan herramientas y metodologías para activar esa participación, generar confianza y construir redes locales sólidas que sostengan el cambio social a largo plazo.
7- ¿Cómo integráis ámbitos como cultura, ciencia e impacto social en una estrategia que busca activar talento e impulsar innovación con vocación transformadora?
Partimos de una convicción muy definida: la juventud y el talento joven son el eje vertebrador de nuestro propósito. Creemos que apostar por ellos es una de las mejores inversiones que puede hacer una sociedad para construir su futuro. La juventud es talento, es apertura al mundo, es capacidad de imaginar lo que aún no existe. Pero ese talento hay que cuidarlo, activarlo y acompañarlo. Hemos definido áreas clave como la cultura, la ciencia y el impacto social. ¿Por qué? Porque son ámbitos que, además de ser multidisciplinares, siguen teniendo espacios por cubrir y enormes oportunidades para generar transformación.
La cultura, por ejemplo, tiene mucho que aprender del tercer sector en cuanto a impacto social y medición de resultados, y el tercer sector puede nutrirse de la creatividad y la capacidad de generar conversación que aporta la cultura. Queremos que ambos mundos dialoguen, se inspiren y se potencien mutuamente. Nuestra estrategia busca activar talento e impulsar innovación con vocación transformadora. Esto significa crear entornos donde jóvenes investigadores, creadores y emprendedores sociales puedan conectar, colaborar y experimentar. Queremos que la ciencia se acerque a la sociedad, que la cultura se abra a nuevas narrativas y que el impacto social se mida no solo en cifras, sino en cambios reales en la vida de las personas.
Además, apoyamos tanto proyectos experimentales como trayectorias jóvenes, ya sean consolidadas o incipientes. Lo hacemos a través de nuestra convocatoria de proyectos, pero también mediante iniciativas cocreadas, que nos permiten trabajar de forma más cercana con los agentes del ecosistema y responder a necesidades emergentes con agilidad y creatividad.
B-Value: 10 años impulsando la transformación
A lo largo de los últimos diez años, la Fundación Banco Sabadell y Fundación Ship2B han impulsado B-Value, un programa de transformación para entidades sociales que ya ha movilizado 1,5 millones de euros en ayudas económicas y acompañamiento pro bono, beneficiando directamente a 46 entidades y ofreciendo un proceso completo de profesionalización a 93 organizaciones. Este recorrido ha permitido impulsar proyectos desde una visión estratégica, diseñar nuevos modelos de generación de ingresos, fortalecer la propuesta de valor y promover una evolución del sector hacia esquemas más innovadores y sostenibles, alejados del enfoque filantrópico tradicional. Con esta experiencia acumulada en mente, nos gustaría preguntarte:
8- ¿Qué representa para ti alcanzar la décima edición de un programa que trabaja directamente en la transformación de entidades del Tercer Sector?
Alcanzar la décima edición de este programa es mucho más que un hito: es la confirmación de que la idea que nació hace años sigue siendo necesaria y relevante. Recuerdo perfectamente cómo surgió: fruto de conversaciones entre la Fundación Banco Sabadell y la Fundación Ship2B sobre cómo podíamos ir más allá, cómo aprovechar las grietas para construir oportunidades y fortalecer un sector que cada día sostiene a miles de personas desde ámbitos muy diversos. Llegar a la décima edición reafirma esa necesidad, pero sobre todo demuestra el sentido del programa y la confianza que, año tras año, nos brindan las entidades que se presentan. Hemos consolidado una red de aliados estratégicos que aporta valor real: apoyo pro-bono, financiación económica y un fondo común que hoy es uno de los más importantes del país.
Durante estos diez años han pasado muchas cosas, y creo que hemos sabido adaptarnos a las nuevas necesidades del sector. Hoy hablamos de cómo la tecnología ha adquirido una fuerza decisiva: hace una década, la inteligencia artificial ni siquiera figuraba en las prioridades ni en el relato compartido. Han surgido nuevos retos, nuevas demandas, pero la esencia del programa se mantiene: acompañar, fortalecer y transformar entidades para que puedan generar el mayor impacto posible.
Lo más gratificante llega cuando el programa termina y conversamos con las entidades participantes. Escuchar cómo ha cambiado su manera de trabajar, cómo han fortalecido su impacto y cómo se sienten más preparadas para afrontar retos futuros es la mejor evidencia de que este esfuerzo merece la pena.
Y otro aspecto relevante, es el seguimiento de los proyectos una vez finaliza el programa. Durante estos diez años hemos mantenido el contacto con las entidades, nos acordamos de las que participaron en la primera edición y de las más recientes. Seguimos conectando, compartiendo aprendizajes y creando puentes. Porque para nosotros no se trata solo de un programa puntual, sino de construir una red de alianzas que crece y evoluciona con el tiempo. A día de hoy, podemos confirmar que B-Value se ha convertido en un espacio de referencia donde las entidades no solo se fortalecen individualmente, sino que aprenden a leerse como parte de un ecosistema más amplio.
“El tercer sector no es solo un ejecutor de soluciones sociales: es un actor clave para sostener la cohesión, el dialogo y la igualdad en sociedades cada vez más complejas.”
9- ¿Qué mensaje te gustaría trasladar a las entidades sociales que están replanteando su modelo de impacto y valorando participar en un programa de transformación como este?
Primero de todo, me gustaría decirles que estamos aquí para aportar y para crecer juntos. Les ofrecemos un modelo de colaboración consolidado, avalado por diez años de experiencia, con un equipo sensible a sus inquietudes y comprometido con su propósito. Este programa permite hacerse preguntas clave, a reflexionar sobre su modelo de impacto y a explorar nuevas oportunidades, siempre respetando la esencia que les define. Participar significa entrar en un espacio seguro donde podrán conectar con aliados estratégicos, acceder a recursos y metodologías contrastadas, y compartir aprendizajes con otras entidades que también están transformándose. Sabemos que replantear el modelo no es fácil, pero es una oportunidad para fortalecer su misión y amplificar su impacto.
Me gustaría aprovechar para reiterar la importancia de la implicación del Tercer Sector como actor crucial para mantener el diálogo y el respeto mutuo en sociedades complejas y para mantener la igualdad de oportunidades. Es un sector que debe ser prioritario, porque su papel es esencial para hacer frente a los retos del mundo que viene. Conviene tener claro que el tercer sector no es solo un ejecutor de soluciones sociales: es un actor clave para sostener la cohesión, el dialogo y la igualdad en sociedades cada vez más complejas.
